Se trata de una construcción realizada a finales del siglo XVI o principios del XVII, con puerta de sillares dovelada, que fue, probablemente, vivienda del subclavero de la orden de Montesa durante la primera mitad del siglo XVIII.
En la planta baja, con un magnífico arco carpanel de sillares, se exponen elementos arquitectónicos, procedentes mayoritariamente del castillo. Así, podemos contemplar cinco claves de bóveda con escudos de miembros de la orden de Montesa –Despuig, Corbera, Corberán de Let–, una interesante gárgola, capiteles, y el remate de un arco con un ángel que sostiene el escudo de la orden de Montesa, entre otros.
La escalera de acceso a la primera planta guarda un escudo del siglo XVII con las armas de los Vives de Cañamás y parte de un relieve en mármol blanco que representa Cristo varón de dolores, vinculado por algún autor con la capilla funeraria construida en 1570 en el castillo de Montesa por el comendador mayor Jeroni Pardo de la Casta.
La planta primera, dividida en dos salas, actúa como lugar de exposición de los cuadros que tenía la parroquia y que no estaban al culto. La sala primera conserva
los cuadros Virgen de la Merced, san Pedro Nolasco y santa María de Cervelló (s. XVIII), Crucifixión de san Pedro (s. XVII) y La Inmaculada (s. XVII), basada en la composición realizada por Juanes para la iglesia de la Compañía, en Valencia.
Al centro de la sala, una vitrina expone platos de extremaunciar exhumados durante la excavación de una cripta. Completan la visita dos grabados de la Virgen de Montesa, ejecutados por Joaquín Ballester en el siglo XVIII y tres grabados de vistas de Montesa del siglo XIX, además de un uniforme de caballero de Montesa de principios del siglo XX.
La segunda sala la preside el retablo de los Misterios del Rosario, pintado en el siglo XVII por algún discípulo del círculo de Juan Ribalta. También se pueden ver dos cuadros del primer tercio del siglo XVIII, San Pedro de Verona y escenas de su martirio, y San Cristóbal y escenas de su martirio, que forman parte del legado que hizo el médico de Montesa, Josep Espí, en el año 1741 a la parroquia de Montesa.
El muro de enfrente cuenta con restos de un retablo, que, por su iconografía, muy probablemente proceda del castillo de
Montesa. Se trata de una predela con San Benito, san Vicente Ferrer, san Vicente mártir y san Bernardo, y otra tabla pequeña con San Miguel, posiblemente del siglo XVII. Finalmente, en una vitrina se conserva una casulla del siglo XVII con el escudo de un Crespí de Valldaura miembro de la orden de Montesa.
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